El mayor error al implantar retribución flexible es pensar que basta con implantarla
Cuando allá por 2007 Julia Ceva (entonces Sodexo, actualmente Pluxee) vino a McDonald’s a hablarnos de la retribución flexible, quedé muy impresionada. Era una iniciativa propiciada por la entonces directora general en España, Patricia Abril, que quería mejorar el valor de la retribución en la Compañía, no siempre bien percibido o, más bien, entendido por los empleados. Tampoco estaba claro qué productos se podían ofrecer y cuáles no; de hecho, muchas cosas fueron perfilándose a lo largo de los años.
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En McDonald’s, al igual que en otras compañías en las que he estado posteriormente, como Five Guys, los beneficios sociales que tenían las personas trabajadoras ya eran muchos, por lo que implantar un plan de retribución flexible no era fácil. Pero, si algo he aprendido durante estos años, es que poner un plan a disposición de los empleados es relativamente sencillo. Conseguir que lo entiendan, que encuentren valor en él y, sobre todo, que realmente lo utilicen es otra historia.
Podemos tener una plataforma magnífica, un catálogo de productos muy amplio y un plan perfectamente diseñado desde el punto de vista fiscal y laboral y, aun así, obtener una utilización muy por debajo de nuestras expectativas. ¿Por qué? Porque muchas veces empezamos la casa por el tejado.
Antes de decidir qué ofrecer hay que escuchar
Uno de los primeros errores es asumir que sabemos qué beneficios interesan a nuestros empleados (posiblemente porque son los que nos interesan a nosotros), pero no siempre es así.
En primer lugar, hay que ver quiénes son los “hipotéticos beneficiarios” de nuestro plan y luego elegir los beneficios adecuados para ellos. Y no siempre hacer una encuesta es suficiente, porque, en el fondo, todo lo relativo a la retribución es un tema muy técnico. Si no, que confiesen todos los lectores de este artículo cuántos entienden su nómina, y eso que muchos se dedican al campo de los RR. HH. Las personas trabajadoras no siempre entienden todos estos conceptos.
Por ejemplo, cuando implantamos la retribución flexible en McDonald’s, analizamos la posibilidad de incluir la guardería, que era uno de los pocos beneficios sociales que no ofrecía la compañía dentro de su plan retributivo. Desde RR. HH. analizamos cuántas personas tenían hijos de “0 a 3 años” —y eran muy pocas— y luego hablamos personalmente con todas ellas. A ninguna le interesó, no por motivos económicos, sino porque algunas lo tenían cubierto con sus padres, otras con cuidadoras y algunas simplemente preferían llevar a sus hijos a la guardería de referencia por cercanía o por confianza.
Si no hubiéramos hecho este ejercicio, habríamos incluido un beneficio en el plan que nadie usaría. Sobre el papel parecía una opción evidente. En la práctica, vimos que no lo era.
Puede parecer un detalle menor, pero para mí, resume una de las principales enseñanzas de cualquier implantación: no se trata de ofrecer muchos beneficios, sino de ofrecer los adecuados. La edad de la plantilla, sus circunstancias familiares, el nivel salarial, la ubicación geográfica, el sector o incluso los horarios de trabajo pueden hacer que un beneficio que funciona extraordinariamente bien en una Compañía apenas tenga utilización en otra.
Beneficios sociales y retribución flexible
Como ya he dicho anteriormente, en algunas de las empresas en las que he trabajado ya existía un paquete importante de beneficios sociales, y esto condicionaba necesariamente el diseño de la retribución flexible.
Por ejemplo, si la empresa ya proporciona el seguro médico al empleado como beneficio social, tiene sentido utilizar la retribución flexible para permitirle incorporar a determinados miembros de su familia. En plantillas maduras, este es un producto muy bien percibido; sin embargo, en otras más jóvenes pueden valorar más una cuota reducida para un gimnasio, aunque esta no tenga ningún beneficio fiscal (Ese fue el caso de Five Guys con un grupo de beneficiarios muy jóvenes).
Tanto en McDonald’s como en Five Guys implantamos un plan de jubilación en el que la empresa hacía una aportación como beneficio social y los empleados podían realizar aportaciones voluntarias a través de la retribución flexible. Al igual que en el caso anterior, este beneficio fue muy valorado por plantillas maduras y mucho menos por las plantillas jóvenes.
La formación era otra de las posibilidades que incorporamos y, en determinados casos, el ahorro para los empleados fue realmente alto.
Mi experiencia me ha enseñado que los beneficios sociales y la retribución flexible no deberían diseñarse como dos mundos independientes. Forman parte de una misma propuesta de valor al empleado y deberían analizarse conjuntamente.
La pregunta no debería ser: “¿Qué productos podemos meter en nuestro plan de retribución flexible?”, sino:
“¿Qué ofrecemos ya a nuestros empleados y qué podemos añadir que tenga verdadero valor para ellos?”
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El gran reto: conseguir que el plan de retribución flexible se entienda
Una vez diseñado el plan aparece probablemente la parte más difícil: comunicarlo. Y aquí RR. HH. tenemos que hacer un ejercicio importante.
Nosotros hablamos de exenciones fiscales, límites legales, salario bruto, salario neto, bases de cotización… pero el empleado probablemente está pensando algo mucho más sencillo:
“¿Esto a mí cuánto me supone?”
Si no somos capaces de responder a esa pregunta de una manera sencilla, tendremos un problema. Una de las mayores dificultades en las implantaciones es precisamente explicar que la retribución flexible no significa cobrar menos ni renunciar a salario, sino decidir de otra manera cómo utilizar una parte de él y obtener, en determinados productos, una ventaja fiscal. Y eso no siempre resulta intuitivo.
Por eso creo que, la comunicación debe ser enormemente práctica: ejemplos con cifras, simulaciones, preguntas frecuentes y situaciones en las que el empleado pueda reconocerse. No explicar únicamente cómo funciona el producto. Explicar para qué me sirve a mí.
Un correo no es un plan de comunicación. Es frecuente usar este medio para explicar el plan y adjuntar una presentación. Eso es informar, pero no necesariamente comunicar, especialmente cuando hablamos de plantillas numerosas, dispersas geográficamente, con horarios diferentes o con perfiles profesionales muy distintos.
La comunicación tiene que adaptarse también a la realidad de cada organización y, sobre todo, no puede terminar el día del lanzamiento.
Hay empleados que no prestarán atención al plan cuando se implanta porque en ese momento ninguno de los productos les resulta necesario. Seis meses después puede cambiar su situación personal y descubrir que existe una opción que ahora sí les interesa. Por eso es importante recordar periódicamente qué posibilidades existen y facilitar que puedan acceder a la información cuando la necesiten.
La importancia de elegir buenos compañeros de viaje
No quiero dejar de hablar de la importancia de los proveedores. Si estos no funcionan, el plan puede estar perfectamente diseñado e implantado, pero los empleados no percibirán los resultados que la Empresa persigue.
Para mí es clave elegir “buenos compañeros de viaje en el camino de la retribución flexible”.
Medir para volver a decidir
Y hay una última parte que a veces olvidamos: medir. ¿Qué productos se están utilizando? ¿Cuáles no? ¿Qué perfiles de empleados participan? ¿Por qué otros no lo hacen?
Si incorporamos un beneficio que prácticamente nadie utiliza, quizá el problema sea de comunicación o quizá simplemente nos equivocamos al elegirlo. Y reconocerlo tampoco debería ser un problema.
Un plan de retribución flexible no tiene por qué ser estático. Las plantillas cambian, sus necesidades cambian y también deberían hacerlo los beneficios que ponemos a su disposición.
Después de varias implantaciones, mi principal aprendizaje es muy sencillo:
- No empezaría por la plataforma.
- No empezaría por los productos.
- Empezaría por las personas.
Estudiaría las necesidades de los empleados, tendría en cuenta qué beneficios ofrece ya la Compañía, diseñaría un plan coherente con esa realidad y dedicaría tanto esfuerzo a explicarlo como a implantarlo.
Porque el éxito de la retribución flexible no se mide por el número de productos que aparecen en una plataforma. Se mide por el valor que los empleados consiguen obtener de ellos.
Y por eso, después de haber participado en distintas implantaciones, sigo pensando que la retribución flexible no se implanta cuando la empresa pone el plan a disposición de sus empleados. Se implanta cuando los empleados entienden para qué les sirve.
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