Qué tipos de formación existen en la empresa y cómo elegir la mejor para tu equipo
No solo importa la inversión en formación. Importan los tipos de formación en la empresa adoptados. Porque formar es crecer, es adaptarse, es innovar y es competir. Pero ¿cómo elegir el más correcto? Todo dependerá de las metas a alcanzar, de los objetivos corporativos propuestos.
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¿Por qué es estratégica la formación en la empresa?
Toda empresa debería invertir en formación continuada. Y podemos dar dos buenas razones:
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La primera: porque se trata de un beneficio especialmente valorado por el talento. Es decir, la formación entra en lo que se denomina propuesta de valor para el empleado o empleada con fuerza. Apostar por la formación es hacerlo por una herramienta de atracción y fidelización de talento importante. Porque los talentos desean mejorar sus capacidades, crecer, adaptarse.
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La segunda: porque las empresas necesitan que sus equipos estén preparados para asumir tecnologías disruptivas, transformaciones repentinas, procesos creativos novedosos… Y esto solo se consigue accediendo a planes formativos o programas aceleradores adaptados a determinados grupos de interés.
Así pues, importa, y mucho, una estrategia de formación, así como los tipos de formación en la empresa que se adopten. Estos últimos han de responder a los objetivos planteados por la organización para su estrategia de formación.
Objetivos habituales: desempeño, retención y productividad
Los objetivos habituales de los planes formativos suelen mirar en tres direcciones:
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Facilitar a los talentos la mejora de sus competencias digitales para aumentar su desempeño.
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Apoyar a los profesionales en su necesidad de crecer y mejorar respecto a sus habilidades (con el fin de aumentar el valor de su perfil y sus posibilidades de empleabilidad y/o promoción interna).
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Impulsar la productividad, uno de los grandes retos de las empresas Españolas y un elemento esencial para la competitividad y la sostenibilidad de las empresas en España.
Y es que, a menudo se señala la brecha de productividad que separa a España del resto de Europa, y entre las causas de dicha distancia, el déficit de formación específica, especialmente en nuevas tecnologías y adaptada a las necesidades de las empresas.
Tipos de formación en la empresa según el contenido
Existen muchos tipos de formación en la empresa que pueden ser aprovechados como recursos valiosos en según qué casos. Si se atiende a las capacidades o habilidades que se desea potenciar, los tipos de formación en la empresa más comunes son los siguientes:
Formación técnica (hard skills)
La formación técnica está orientada a desarrollar y actualizar los conocimientos específicos que requiere cada puesto de trabajo. Incluye el manejo de herramientas digitales, lenguajes de programación, maquinaria, metodologías de trabajo o cualquier competencia directamente vinculada a las tareas del día a día. Es especialmente relevante en sectores donde la tecnología evoluciona rápidamente, ya que permite mantener al equipo actualizado y competitivo. Sin una base técnica sólida, la productividad y la calidad del trabajo se resienten de forma notable.
Formación en habilidades (soft skills)
Las habilidades blandas son cada vez más valoradas por las organizaciones, ya que determinan en gran medida cómo se relacionan y colaboran las personas dentro de un equipo. Este tipo de formación trabaja competencias como la comunicación, la resolución de conflictos, la inteligencia emocional, la creatividad o la capacidad de adaptación al cambio. A diferencia de las hard skills, no están ligadas a un puesto concreto, sino que resultan transversales y benefician a toda la organización. Invertir en ellas mejora el clima laboral y la cohesión de los equipos.
Formación en liderazgo y management
Este tipo de formación va dirigida a quienes tienen o aspiran a tener responsabilidad sobre personas y proyectos dentro de la empresa. Abarca habilidades como la toma de decisiones, la gestión del desempeño, la delegación efectiva o el desarrollo del talento en el equipo. Un liderazgo bien formado tiene un impacto directo en la motivación y el rendimiento de las personas a su cargo. Las organizaciones que apuestan por desarrollar a sus líderes internos logran estructuras más sólidas y una mayor retención del talento.
Formación en compliance y obligatoria (PRL, igualdad, protección de datos)
Existe un conjunto de formaciones que las empresas están legalmente obligadas a ofrecer a su plantilla, como la prevención de riesgos laborales, la igualdad de género o la protección de datos. Más allá del cumplimiento normativo, estas formaciones contribuyen a crear entornos de trabajo más seguros, justos e inclusivos. Ignorarlas no solo expone a la empresa a sanciones, sino que también puede generar un clima de desprotección entre los empleados. Mantenerlas actualizadas y bien documentadas es una responsabilidad ineludible para cualquier departamento de personas.
Formación en producto y procesos internos
Conocer en profundidad el producto o servicio que ofrece la empresa, así como los procesos y flujos de trabajo internos, es fundamental para que cada persona pueda desempeñar su rol con eficacia. Este tipo de formación es especialmente crítica en los procesos de onboarding, pero también resulta necesaria cuando se lanzan nuevas funcionalidades, se actualizan procedimientos o se producen cambios organizativos. Un equipo bien informado sobre lo que vende y cómo funciona la empresa transmite mayor confianza, tanto hacia el cliente como hacia el resto de compañeros.
La falta de preparación para afrontar los retos profesionales no solo genera dificultades a los empleados y empleadas, que se sienten desfasados y desplazados. También a la empresa, abocada a la pérdida de su talento humano fruto de su incapacidad para adaptarse a los nuevos retos y del desánimo que esto provoca en los equipos de trabajo.
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Tipos de formación en la empresa según el formato
Además de tipos de formación en la empresa según contenidos existen tipos de formación según formato, que aluden a la manera en la que se consume este beneficio corporativo. Las modalidades habituales suelen ser:
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Formación presencial.
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Formación online (e-learning).
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Formación híbrida (blended).
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Microlearning y formación bajo demanda.
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Aprendizaje social y comunidades internas.
Adoptar una estrategia en los tipos de formación en la empresa que posibilite todos ellos ofrece numerosas ventajas que traen consigo un aumento en la adhesión a los planes formativos. Por un lado, posibilitan la capacidad de conciliación, y por otro, la de adoptar ritmos de aprendizaje personalizados.
Tipos de formación en la empresa según el momento del ciclo de empleado
También los tipos de formación en la empresa responden al momento en que dicha formación tiene lugar dentro de la trayectoria del empleado o empleada en la organización. En este sentido, se puede diferenciar entre:
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Onboarding y acogida: formación durante la fase de aterrizaje del talento en la empresa.
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Reciclaje y upskilling: formación para la adquisición de nuevas habilidades adaptadas a nuevas tareas, metodologías, herramientas de trabajo, etc.
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Reskilling y cambio de rol: formación para adquirir nuevos conocimientos o capacidades por un cambio de puestos o un ascenso.
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Formación para alto potencial y planes de carrera: formación para garantizar el acceso a puestos de alta dirección y liderazgo.
La capacidad de la empresa y del departamento de RRHH para apoyar la transformación y crecimiento profesional de sus talentos a lo largo de toda su carrera en la organización resulta fundamental. No solo mejora la eficacia de todas y cada una de las acciones, sino que aumenta la visibilidad y reputación de la marca como empleadora.
Tipos de formación en la empresa según la metodología
Respecto a la metodología adoptada, los tipos de formación en la empresa son los siguientes:
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Formación en aula vs formación práctica.
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Mentoring y coaching.
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Rotación de puestos.
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Proyectos y aprendizaje por retos.
La formación ha vivido un proceso de transformación en los últimos años. El objetivo: adaptarse a las nuevas demandas y expectativa de talentos y organizaciones.
Estas hacen hincapié en factores tan poderosos como la necesidad de adaptarse a la tecnología disruptiva o de maridar conocimientos en plantillas con gran disparidad de perfiles, experiencias y edades. También en la tendencia actual de desarrollar habilidades no solo técnicas o meramente profesionales, sino sociales, emocionales…, a fin de garantizar ambientes de trabajo donde se apuntale el bienestar de las personas y la sostenibilidad de las empresas.
Cómo elegir el tipo de formación adecuado
Seleccionar las prácticas y experiencias necesarias para la organización en el ámbito de la formación precisa de un trabajo de análisis previo en el seno de la misma. Desde RRHH se debe sopesar:
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Necesidad del negocio y brecha de competencias.
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Perfil del colectivo y contexto (turnos, sedes, movilidad).
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Presupuesto, tiempo disponible y escalabilidad.
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Medición del impacto (KPIs y ROI).
Elegir el tipo de formación adecuada implica sondear las necesidades de la empresa a corto, medio y largo plazo, pero también las de la plantilla. El objetivo, en última instancia, debe ser mejorar su competitividad y satisfacer las expectativas de sus clientes y responder a las propuestas del mercado con mayor rapidez.
Cómo implantar un plan de formación en 6 pasos
Implantar un plan de formación en la empresa necesita de un protocolo claro de actuación, previamente definido. Los seis pasos que no pueden faltar en el mismo son los siguientes:
Diagnóstico y priorización de acciones
Antes de diseñar cualquier acción formativa, es imprescindible analizar el punto de partida: qué competencias tiene el equipo, cuáles necesita desarrollar y cuáles son las prioridades estratégicas de la organización. Este diagnóstico puede realizarse a través de encuestas internas, entrevistas con managers o análisis de desempeño. Una vez identificadas las brechas formativas, hay que priorizarlas en función de su impacto en el negocio y la urgencia de cada necesidad. Sin este paso previo, el plan corre el riesgo de convertirse en una suma de acciones inconexas que no responden a ningún objetivo real.
Diseño del catálogo y calendario de formaciones
Con las necesidades claras sobre la mesa, el siguiente paso es estructurar qué formaciones se van a ofrecer, en qué formato y con qué frecuencia. El catálogo debe ser variado y adaptado a los distintos perfiles de la organización, combinando formaciones obligatorias con otras de desarrollo voluntario. El calendario, por su parte, debe planificarse con suficiente antelación para evitar interferencias con la operativa del negocio y facilitar la participación de todos. Una buena planificación es la diferencia entre un plan de formación que se cumple y uno que queda en papel mojado.
Comunicación interna y adopción
Un plan de formación solo funciona si las personas que deben participar en él lo conocen, lo entienden y se sienten motivadas a hacerlo. La comunicación interna juega un papel clave en este proceso: hay que explicar con claridad el porqué de cada formación, los beneficios para el empleado y cómo encaja dentro del desarrollo profesional en la empresa. Involucrar a los managers como embajadores del plan ayuda a trasladar el mensaje con mayor credibilidad y cercanía. Sin una estrategia de adopción bien pensada, incluso el mejor catálogo formativo puede caer en el olvido.
Evaluación y mejora continua
Medir el impacto de las formaciones es tan importante como impartirlas. Para ello, es útil apoyarse en indicadores como la tasa de participación, la satisfacción de los asistentes, la transferencia de conocimiento al puesto de trabajo o la evolución del desempeño tras la formación. Esta información permite identificar qué está funcionando y qué debe ajustarse en el siguiente ciclo. Un plan de formación que no se evalúa es un plan que no aprende, y por tanto pierde valor con el tiempo.
Selección de proveedores y herramientas
Contar con los partners y plataformas adecuados puede marcar una gran diferencia en la calidad y la escalabilidad del plan formativo. A la hora de elegir proveedores externos, conviene valorar su especialización, la metodología que emplean y su capacidad para adaptar los contenidos a la realidad de la empresa. En cuanto a las herramientas, un LMS (Learning Management System) permite centralizar la gestión, el seguimiento y la medición de todas las acciones formativas en un único lugar. La tecnología no sustituye a una buena estrategia formativa, pero sí la potencia enormemente cuando se elige bien.
En este último sentido, existen fórmulas adaptativas y muy eficaces al servicio de todo tipo de organizaciones. Gracias a estas, el departamento de RRHH puede apoyar la formación de sus empleados y empleadas sin incurrir en costes extra para la empresa. ¿Cómo? Gracias a una fórmula de retribución flexible adecuada y al apoyo de una plataforma tecnológica eficaz.
Recordar, además, que desde el catálogo que proporciona el Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE), con foco en las personas en activo, a los fondos de la Fundación Estatal para la Formación en el Empleo (FUNDAE) o la retribución flexible: las empresas cuentan con un amplio abanico de posibilidades para capacitar a los trabajadores y trabajadoras sin coste directo para la empresa.
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