Formación de los trabajadores en la empresa
La formación de los trabajadores en la empresa siempre ha sido un tema de vital importancia para el buen desarrollo de la actividad económica. Sin embargo, actualmente cobra una especial relevancia. Porque la supervivencia de la organización depende de la capacidad de su plantilla para adaptarse a las nuevas exigencias. Exigencias que pasan por competencias tan variopintas como el uso de la IA o la adopción de un liderazgo humanista. Pero ¿cómo articular un plan de formación efectivo dentro de la empresa? ¿Qué consideración tiene la formación de los trabajadores en la empresa a efectos legales? Veamos algunas consideraciones clave al respecto.
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Marco legal en España: qué derechos y obligaciones existen
La formación de los trabajadores en la empresa está regulada por el artículo 33 de la Ley 3/2023, de 28 de febrero, de Empleo. El fin: mejorar la cualificación, recualificación y/o adaptación profesional de las personas trabajadoras, ya sea en la empresa privada o pública, favoreciendo así su formación a lo largo de toda la vida laboral.
Además, el marco normativo menciona expresamente la mejora de las competencias digitales y de sostenibilidad, que inciden en el desarrollo profesional y personal, y la contribución a la mejora de la productividad y competitividad de las empresas.
Derecho a 20 horas anuales retribuidas y condiciones de disfrute (art. 23 ET)
El artículo 23 del Estatuto de los Trabajadores señala que los empleados y empleadas con al menos un año de antigüedad en la empresa tienen derecho a disfrutar de 20 horas anuales de formación retribuidas y acumulables por un período de hasta cinco años, así como cualquier otro permiso de formación que pudiera acordarse en el seno de la negociación colectiva o individual. Dicha formación profesional debe estar vinculada a la actividad de la empresa.
El trabajador y trabajadora tendrá derecho, además, a:
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El disfrute de los permisos necesarios para concurrir a exámenes, así como a una preferencia a elegir turno de trabajo y a acceder al trabajo a distancia, cuando curse con regularidad estudios para la obtención de un título académico o profesional.
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La adaptación de la jornada de trabajo para la asistencia a cursos de formación profesional.
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La concesión de permisos para la formación o perfeccionamiento profesional con reserva del puesto de trabajo.
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La formación necesaria para su adaptación a nuevos requisitos de su puesto de trabajo (esta última correrá a cargo de la empresa y se considerará tiempo de trabajo efectivo).
Sistema de Formación para el Empleo
La formación de los trabajadores en la empresa se desarrolla a través de diferentes iniciativas y programas que configuran el actual Sistema de Formación en el Trabajo. Así, el Sistema de Formación en el Trabajo integra diversas acciones de formación para la mejora de las competencias y cualificaciones, así como de la productividad de las organizaciones.
Y entre esos tipos de iniciativas de formación destaca la formación programada por las empresas para sus trabajadores y trabajadoras en función de sus necesidades. Estas pueden realizarse por parte de las propias empresas y financiarse a través de bonificaciones en las cuotas de la Seguridad Social.
Las empresas encontrarán en el diseño y desarrollo de un plan de formación personalizado la herramienta que necesitan para poner en práctica dichas acciones y situar a su talento a la altura de las expectativas.
Porque este tipo de planes no solo forman en cuestiones técnicas a los y las profesionales. Dichos planes les capacitan para perseguir los objetivos empresariales de acuerdo a los valores corporativos, pero también para cubrir sus necesidades y expectativas respecto a su trayectoria dentro de la empresa o fuera de esta.
Hoy en día, la formación de los trabajadores en la empresa se ha convertido en un beneficio tremendamente atractivo dentro de la propuesta de valor al empleado.
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Qué formación cuenta y cómo priorizar en 2026
Las empresas pueden bonificar en las cuotas de la Seguridad Social (a través de la FUNDAE) las formaciones que mejoren las competencias y cualificaciones profesionales de sus trabajadores y trabajadoras. Eso sí, siempre que estén relacionadas con la actividad de la empresa y cumplan ciertos requisitos establecidos por la legislación en vigor. Uno de ellos marca la duración mínima y otro, el número de participantes. No son bonificables, por ejemplo, la asistencia a eventos tipo congresos o jornadas.
Así pues, a la hora de programar una estrategia de formación de los trabajadores en la empresa, hay que tener siempre en el horizonte dos aspectos:
Vinculación al puesto, nuevas tecnologías y cambios organizativos
La idea clave es que la formación aporte valor a la persona, al puesto de trabajo y a la empresa. Por esa razón, si se desea gestionar a través del sistema de FUNDAE para aplicar la bonificación en las cotizaciones sociales, dicha formación debe estar vinculada al puesto de trabajo y a las tareas cotidianas. Además, como señalamos más arriba, son especialmente interesantes aquellas que apuestan por la capacitación en uso de nuevas tecnologías y que son necesarias debido a los cambios organizativos que la empresa precisa para continuar siendo competitiva.
Criterios de priorización: brechas críticas, colectivos clave y riesgos operativos
Otros criterios a priorizar a la hora de diseñar un plan de formación de los trabajadores en la empresa son aquellos que tratan de paliar brechas críticas en la empresa, por ejemplo, de ciberseguridad o de riesgos laborales. O aquellos otros que ahondan en colectivos vulnerables, para garantizar su permanencia en la empresa o futura empleabilidad.
De hecho, las empresas pueden incluir sus propios contenidos en los cursos, siempre que se ajusten a los requisitos: que sean acciones formativas dirigidas a adquirir, mejorar o actualizar conocimientos y habilidades profesionales directamente vinculados al puesto de trabajo o a la actividad de la empresa, y que la formación debe ser relevante para la empresa y sus profesionales.
La legislación en vigor al respecto de la formación de los trabajadores en la empresa señala, además, la necesidad de que todo el contenido formativo impartido esté realizado con perspectiva de género.
Financiación de la formación en la empresa
Existen múltiples ejemplos de planes de formación que demuestran el gran impacto que un itinerario formativo adaptado adecuadamente a las necesidades de la plantilla y de la empresa puede provocar en esta.
Esos planes de formación toman en cuenta un aspecto fundamental, y es la medición del impacto a través de KPIs que importan al negocio, por ejemplo:
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Tiempos de productividad, cobertura de vacantes internas, rotación evitable, eficiencia, etc.
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Métricas de aprendizaje: participación, finalización, certificaciones y transferencia al puesto.
La formación de los trabajadores en la empresa y de trabajadoras constituye una herramienta fundamental no solo para la mejorar la empleabilidad de las personas, especialmente de aquellas con mayores dificultades para mantener su empleo o que deben transitar hacia uno de mayor calidad; sino que trata de acompañar a los procesos de resiliencia y transformación en los que se encuentran las organizaciones, especialmente los de digitalización, asunción de tecnologías disruptivas como la IA, cohesiona social o sostenibilidad.
En definitiva, la formación de los trabajadores en la empresa es vital para responder a las necesidades específicas de las empresas y de las personas trabajadoras en el actual mercado laboral y contexto socioeconómico actual.
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